domingo, 6 de julio de 2008

El Faro a Colón




En 1914 el norteamericano William Ellis Pulliam fue quien promovió en la prensa de su país la construcción de un faro monumental en Santo Domingo, en la República Dominicana, la primera ciudad del Nuevo Mundo. La idea se torna en un carácter más universal en 1923 durante la celebración en República Dominicana de la Quinta Conferencia Internacional Americana cuando se decreta que ese monumento debía construirse en cooperación de todos los gobiernos y pueblos de América.


Hicieron un concurso para elegir quién sería el arquitecto que diseñaría esta obra; el arquitecto J. L. Gleave ganó el concurso de entre 455 participantes que venían de 48 países. En el gobierno del Dr. Joaquín Balaguer se da comienzo a la obra en 1986, y culminando la construcción del monumento a tiempo para la celebración de los "500 años del Descubrimiento y Evangelización de América". Este es el unico en su especie con 251, faroles que adorna el cielo y una luminaria, que da la vuelta al mundo.


Origen e historia


La idea de erigir en tierra dominicana un monumento con las características de un faro a la memoria del Gran Almirante don Cristóbal Colón surgió del ilustre escritor dominicano don Antonio del Monte y Tejada, quien así lo expresa en su conocida obra Historia de Santo Domingo, publicada en La Habana, Cuba, en 1852.


En 1914 el norteamericano William Ellis Pulliam promueve en la prensa de su país una propaganda en favor de la erección de un monumental faro en las costas de Santo Domingo, República Dominicana, primera ciudad europea en el Nuevo Mundo.


En 1923, con la Quinta Conferencia Internacional Americana celebrada en Santiago de Chile, la idea adquiere carácter universal, al decretar que el monumento fuera construido “con la cooperación de todos los gobiernos y pueblos de América, así como con la cooperación de todas las naciones de la tierra”.


Para esos fines, se designó en 1927 una comisión especial que llevaría a cabo el proyecto en dos etapas: en la primera, en 1929, un jurado internacional se reunió en Madrid para estudiar 455 proyectos provenientes de 48 países, otorgando diez menciones honoríficas, entres las que, en la segunda etapa, en 1931, se escogió el proyecto ganador presentado por el jóven arquitecto inglés Joseph Lea Gleave. Una impresionante exposición se presentó en Madrid con todos los proyectos, que comprendían más de 2300 dibujos; la exposición posteriormente fue trasladada a la ciudad de Roma.


Finalmente, el 6 de octubre de 1992, dentro de la culminación de los festejos conmemorativos del Quinto Centenario del Descubrimiento y Evangelización de América, la República Dominicana entregó al mundo el monumento Faro a Colón, en cumplimiento del compromiso contraído por el mundo moderno con el hombre que quinientos años antes había completado la redondez de la tierra. Ese día, fueron trasladados los restos de Colón desde la Catedral Primada de América, donde habían descansado desde el 1544, hasta el Mausoleo levantado en el crucero del monumento.


El 11 de octubre, su Santidad Juan Pablo II ofició una Misa en la explanada Este del Faro, durante la cual fue llevado a los altares el misionero agustino Exequiel Moreno, en la primera canonización celebrada por la Iglesia Católica en América. El Faro a Colón fue abierto al público el 16 de octubre de 1992.



El Monumento

El secretario de la Asociación Cultural Cristóbal Colón, Gabriel Verd, frente al Faro a Colón.
El Faro a Colón se desarrolla con una exactitud, sencillez y fuerza dignas de los grandes monumentos de la época. La idea es simbólica, pero no hasta el punto en que el simbolismo interfiera con la simple belleza de la obra arquitectónica. Según el mismo Gleave, “la forma del edificio expresa la inspiración que la motivó, en arquitectura abstracta. Igual que las pirámides y otros grandes monumentos a través de los siglos, éste no tiene un carácter arquitectónico estilizado, sino que pertenece a todos los tiempos”.Con una longitud de 210 metros orientados Este-Oeste, 60 metros en sus brazos de Norte a Sur y una altura de 31 metros, el monumento es una enorme masa de hormigón y mármol que, vista desde el aire, se va convirtiendo en una gran cruz yacente, rasgo digno del inmutable valor y de la fe del Gran Descubridor Cristóbal Colón, a quien conmemora: “Pongan cruces en todos los caminos y senderos para que Dios bendiga esta tierra que pertenece a los cristianos; el recuerdo de esto debe conservarse a través de los tiempos”.El Faro a Colón ofrece un impresionante espectáculo nocturno cuando los rayos verticales de luz, emanados de las 157 luminarias colocadas a lo largo del monumento, reflejan la Gran Cruz en el cielo, que se divisa muchos kilómetros a la redonda. En la entrada principal del monumento, los colores de las banderas de todos los países americanos simbolizan la hermandad entre naciones y la unión de las diferentes razas, culturas y credos que pueblan la Tierra.



El Mausoleo


En ocasión del Cuarto Centenario del Descubrimiento de América y a raíz del sorpresivo hallazgo, en 1877, en una cripta debajo del altar mayor de la Catedral de Santo Domingo, de una urna de plomo con la inscripción en su interior que lee: “Ilustre y Esclarecido Varón don Cristóbal Colón” , cuyos restos se suponían en España, se dispuso la erección de un mausoleo digno de albergar las cenizas del Descubridor. En el concurso participaron trece artistas de tres países de Europa, resultando ganador el proyecto presentado por los catalanes, el escultor Pedro Carbonell y el arquitecto Fernando Romeu. El mausoleo fue levantado, en piezas separadas, en la nave central de la Catedral, frente a la puerta mayor del templo.


En 1990 se inició el traslado del Mausoleo, pieza por pieza, desde la Catedral hasta el faro a Colón, donde quedó erigido para acoger para siempre las cenizas del Gran Almirante.
La obra, de estilo gótico, de 9 metros de altura sobre una base rectangular de 7 por 8 metros, consiste de 280 piezas en mármol de Carrara, algunas de hasta 3.000 kilos de peso y ornamentos en bronce. La acción conjunta de sus columnas, arcos y contrafuertes le dan estabilidad a la estructura. Flanqueado por cuatro leones en bronce, está presidido por la magnífica figura femenina que representa a la República Dominicana, destinada por la historia a guardar para siempre las venerables cenizas del Gran descubridor.


Los Museos


Aunque el Faro a Colón fue concebido por el Arquitecto Gleave principalmente como un monumento funerario, por instrucciones del Presidente Joaquín Balaguer, promotor de la construcción del monumento, el arquitecto dominicano Teófilo Carbonell adaptó su interior para albergar exhibiciones de cada país de América, así como otros de Europa y Asia. Hoy, 48 países tienen un lugar en el Faro con un

a exposición propia en la que muestran su identidad cultural.
También tienen su espacio el Museo de la Liga Naval Dominicana, co-donante del Museo de los Vientos Alisios y cuya sede se encuentra en el Faro a Colón y el Museo de Rescate Arqueológico Submarino que pertenece a la Comisión del mismo nombre, que exhibe aproximadamente 1.400 piezas rescatadas de naufragios españoles, franceses y holandeses de los siglos XVII y XX, todos hallados en costas dominicanas.


Están en formación el Museo de la Historia del Faro, donde se exhibirán piezas y documentos sobre el concurso, los diferentes proyectos y la construcción del monumento, así como la biblioteca y el Centro de Estudios Colombinos, donde se concentrarán los estudios relacionados con la vida y la obra de don Cristóbal Colón y la Historia de América. El Faro a Colón consta también de cuatro salas para exhibiciones temporales y dos salas de conferencias.


La Capilla Nuestra Señora de la Rábida y la Sala de las Vírgenes, una bellísima galería de pinturas con las imágenes de las Madonas veneradas por los diferentes pueblos de América, junto con la Sala del Vaticano, que exhibe la casulla usada por Su Santidad en la Misa oficiada en el Faro, completan el impresionante tesoro que guarda el Monumento.
Los Restos de Colón


Colón muere en Valladolid, España, el 20 de mayo de 1506 y en 1513 sus restos son trasladados a Sevilla. Cumpliendo una de las disposiciones testamentarias del Descubridor, en 1544 su nuera, doña María de Toledo, trae sus restos junto con los de su esposo, don Diego Colón, a ser depositados en la Capilla Mayor de la Catedral de Santo Domingo, cedida a la familia Colón por el Emperador Carlos I de España.


En 1655 don Francisco Pío, entonces Arzobispo de Santo Domingo, en vísperas de la invasión inglesa de Venables, ordenó que borrasen todas las señales en las tumbas de los Colones. En 1795, cuando, por el Tratado de Basilea, España cedió a Francia la porción española de la isla, el arzobispo Fernando de Portillos y Torres y el Almirante Gabriel de Aristizabal decidieron trasladar apresuradamente a Cuba los restos de Colón, removiendo los que suponían pertenecían al Descubridor, los que fueron llevados luego a España en 1898 al obtener Cuba su independencia.


En 1877, mientras se hacían reparaciones en la Catedral de Santo Domingo, se encontró una caja de plomo con el nombre del Gran Almirante, en caracteres de la época de su fallecimiento, con pruebas irrefutables de que los restos que contenía pertenecían a don Cristóbal Colón, habiéndose llevado a Cuba los de otro de los Colones allí enterrados.


El hecho fue documentado en presencia de numerosas personalidades dominicanas y extranjeras y ha sido aceptado como auténtico por la generalidad de los historiadores de todo el mundo

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